lunes, 16 de diciembre de 2019

La tristeza que hay en tus ojos



Cuanto dolor y desvelo hay en su mirada, ¿Qué habrá pasado en su vida? ¿Qué le habrá causado tanto dolor?  Todos los días la veo caminar por las noches, llevando sus cargas de nostalgia y llanto. Le gusta salir de noche para desahogar sus penas.

Un día la seguí por horas ella llegó a un restaurante se sentó y pidió una copa de vino, estaba leyendo un libro, parecía que estaba esperando a alguien, voltio su mirada hacia la mesa de al lado y se quedó un rato mirando el jarrón que sostenía un ramo de rosas blancas.

Vi como sus ojos se llenaban de tristeza y dolor, bajó la mirada y retomo la lectura, era fascinante verla allí leyendo, me quedé en el parque que estaba al frente solo para verla, pasaron las horas y ella seguía sola, contestó el teléfono, la verdad no sabía que decía, pero al ver su expresión en su rostro supe que no era nada bueno.

Pagó la cuenta y salió corriendo del restaurante con lágrimas en sus ojos, fui detrás de ella y para mi sorpresa fuimos a dar al hospital, fue a pedir información y preguntó por alguien y le dijeron que no estaba registrado, ella llamo a alguien y luego se sentó en la sala de espera.

Me acerqué le pregunté: ¿Por qué estaba llorando?  Me dijo: es mi novio tuvo un accidente en la moto y está grave. No supe qué decir me quedé callado por un instante, luego le conteste: no sabía que tenías novio es que siempre te veía sola, me dijo ¿De dónde eres?, y le respondí: soy de Argentina, pero ya llevo un año viviendo aquí.

De repente veo llegar a una mujer con un gran parecido a ella, se acercó y le dijo Luisa que haces aquí y quién es él, y Luisa le dijo: Agustín tuvo un accidente en la moto y está en cuidados intensivos y él no sé cómo se llama, me levanté le extendí mi mano y le dije: soy Sebastián.

Ella también se presentó: soy Ema la hermana mayor de Luisa, vine a buscarla, ella no puede estar aquí, le dije: espera que le digan algo de su novio. Ella con los ojos llorosos me dijo: Agustín falleció hace 1 año, y ella aún no lo supera, ya no sé qué hacer, todos los días hace la misma rutina. Primero va al restaurante que iba con Agustín, luego me llama para decirme que él no ha llegado.

Después me llaman del hospital para decirme que vaya a buscarla, siento que la estoy perdiendo ya no tiene uso de razón, quisiera que dejara todo esto atrás y comenzara una nueva vida. Pero ella se empeña que Agustín sigue vivo.

Le dije a Ema que no se preocupara que yo me encargaría de que ella volviera a ser la misma de antes, me quedé con ella hasta que se durmió y entre mis brazos la lleve a su casa. Al día siguiente le toque la puerta y la invite a tomar un café, arriesgándome que me dijera que no.

Me quedé un momento esperando su respuesta, el cual fueron los minutos más largos de mi vida por suerte me dijo que sí, fuimos a tomar el café, mirándola a los ojos le dije: quisiera ser la luz que ilumina tu ventana cada mañana y ella me regalo una hermosa sonrisa.

Pasaron los días y me fui enamorando más de ella, llegamos a un restaurante decorado con rosas rojas la mire fijamente, ella tenía los labios pintados de rojo carmesí  y no pude resistirme la besé como nunca antes había besado a nadie. La ame desde el primer momento que la vi y la seguiré amando el resto que me quede de vida.

Autora: Yuli Domínguez M.



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